Frente a los persistentes y crónicos problemas de inseguridad en la provincia de Buenos Aires, se presentó una profunda propuesta de reestructuración institucional que asegura que es posible terminar con el delito. El plan contempla la federalización de los 27 municipios del conurbano, los cuales pasarán a tener su propia policía y un esquema de actuación dividido en dos fuerzas específicas.

La división de roles: patrullaje local y delitos complejos

El eje central de esta reforma en materia de seguridad se basa en una clara delimitación de funciones entre las fuerzas locales y una nueva instancia federal.

Por un lado, el patrullaje cotidiano quedará en manos de las policías municipales, bajo el argumento de que son las fuerzas que conocen en profundidad cada barrio y cada cuadra. Por otro lado, la persecución de los delitos complejos, las tareas de inteligencia y el narcotráfico serán competencia exclusiva de la nueva policía militar del conurbano, una fuerza federal de nueva creación. Ante un hecho delictivo concreto, el esquema prevé la intervención conjunta de ambas instituciones.

Formación en Campo de Mayo y depuración de efectivos

El proyecto detalla que los integrantes de la policía militar del conurbano recibirán instrucción militar en Campo de Mayo, un modelo de formación similar al que aplica la Gendarmería. La iniciativa exige que la totalidad de los efectivos provenientes de la policía bonaerense que deseen sumarse a esta nueva fuerza federal deban atravesar obligatoriamente este programa formativo.

Asimismo, este proceso de transición estará acompañado por un mecanismo de control y depuración: el Ejército será el organismo encargado de realizar un análisis exhaustivo para detectar a los policías corruptos y separarlos definitivamente de la fuerza. Desde la perspectiva de los impulsores de la iniciativa, cuando los municipios asumen responsabilidades directas en la gestión de sus problemas, los niveles de seguridad mejoran considerablemente.

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