En el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, el Hospital Interzonal de Mar del Plata destacó el funcionamiento de su unidad especializada. Durante los primeros nueve meses de 2026, recibió 168 casos de ACV isquémico. Reconocer los síntomas y actuar rápido puede cambiar el pronóstico de una persona.
Un problema para hablar, la pérdida repentina de fuerza en un brazo o una alteración inesperada de la visión pueden parecer síntomas aislados, pero también ser señales de una emergencia neurológica. Ante un accidente cerebrovascular (ACV), esperar a que las molestias desaparezcan puede significar perder un tiempo decisivo para el tratamiento.
Este jueves 29 de octubre, en el marco del Día Mundial del ACV, el Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Oscar Alende, de Mar del Plata, puso el foco en la importancia de la atención especializada. Según los datos difundidos por el establecimiento, durante los primeros nueve meses de 2026 recibió 168 casos de ACV isquémico, una cifra que refleja la demanda que enfrenta el sistema público de salud.
La institución consolidó una unidad específica para atender esta patología, con cobertura diaria de neurología y un circuito de asistencia que articula la guardia de emergencias, el área de shockroom, diagnóstico por imágenes, laboratorio, terapia intensiva y neurocirugía. El objetivo es agilizar la evaluación de cada paciente y facilitar la intervención médica cuando el tiempo resulta determinante.
El ACV ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo. En ambos casos, las células cerebrales pueden sufrir daños y las consecuencias dependen, entre otros factores, de la zona afectada y de la rapidez con la que se recibe atención.
Por eso, conocer las señales de alarma es fundamental. La aparición repentina de dificultad para hablar o comprender, la pérdida de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, los problemas de visión, la pérdida del equilibrio o un dolor de cabeza intenso e inesperado requieren atención médica inmediata. Si aparece alguno de estos síntomas, hay que llamar al servicio de emergencias, incluso si desaparece al cabo de unos minutos.
La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y el sedentarismo son algunos de los factores que pueden aumentar el riesgo. Los controles médicos periódicos y el tratamiento adecuado de las enfermedades preexistentes forman parte de la prevención.
En una emergencia como esta, la información también puede salvar vidas. Identificar una señal, pedir ayuda sin demora y llegar rápidamente a un centro preparado para atenderla puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y la aparición de secuelas permanentes.


